El universo formal de Mónica Van Asperen pareciera surgir de las infinitas formas que el agua le imprime a la existencia. Formas de este fluir que se expresan a través de su eximio dominio del cristal.

Al respecto ella dice:

" Mi trabajo parte de la relación del espacio y el cuerpo del hombre.

   Si bien al comienzo mis formas fueron deconstructivas hechas en textiles, llegué a trazar trabajos lineales en globos aludiendo a la respiración como parte interna del cuerpo y luego en luz, soplando y creando guiones como partituras, silencios en la relación de la meditación.

  El silencio primordial y la música en el campo de la mente son elementos constitutivos de la pintura y el movimiento entendido desde una concepción cubista."

  Con una experiencia amplia que la lleva desde de la matemática a la Beca Kuitca, pocos son los ambientes donde Mónica no haya buscado inspiración. Rasgos de esta formación anfibia son los diversos talleres sobre experimentación escénica (Rubén Schumacher o Gastón Breyer) o su uso desprejuiciado del diseño como herramienta gráfica, textil y espacial, sin dejar de citar su esmerada labor docente. En el 2000 gracias a TRAMA estudia y trabaja con Richard Deacon, el afamado escultor inglés cuya influencia la inspira a llevar su propia labor a formas y escalas sorprendentes.

  Mencionaremos algunas de sus exposiciones: en la Alianza Francesa, en el ICI, en el Reino Unido, en la Galería Pradilla de España, sus reiteradas presencias en la Toronto Art Fair. Se destacan a su vez, los premios Konex, el Salón nacional de escultura y el otorgado por la Asociación de críticos que hablan de una trayectoria prolífica. Su obra forma parte del acerbo del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, Museo Contemporáneo Castagnino de Rosario, de la Colección de la Universidad de Essex Reino Unido y de numerosas colecciones privadas.

   Nace en Buenos Aires en 1962 donde aún vive.

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